sábado, 10 de marzo de 2012

an pierlé

Foto: Kaat Pype
Europa se ha estado aburriendo muchos años en su sofá hasta que la crisis le ha recordado que el mundo gira sobre un eje podrido. El aburrimiento tiene dos consecuencias opuestas: la indolencia de la mayoría y el desvarío de unos cuantos. El desvarío en realidad no es fruto del aburrimiento, sino que surge del estupor ante la indolencia de los demás; por eso tiene un componente de provocación, de insulto y de soberbia. En el campo de la cultura, el Dadá y el Punk son dos buenos ejemplos de esta reacción en Europa.

Sin ahondar tanto en lo ideológico, An Pierlé es una fiera musical que en parte representa a ese pequeño grupo de los que reaccionan. La generación Erasmus, a la que pertenece, es quizá la primera generación paneuropea, criada en la democracia y el bienestar, con un alto nivel cultural, y sin embargo muy adormecida.

Los mayores descubrimientos musicales a menudo se hacen por casualidad. La primera vez que me encontré con An Pierlé fue en un programa del canal Arte la noche de año nuevo de 2005 a muy altas horas. En una imagen saturada de color y quemada de luz, sobre un fondo blanco se veía a una cantante rubia delgadita con un vestido negro corto, flanqueada por un guitarrista, un bajo y un percusionista  austero con una batería mínima. Versionaron dos temas bien conocidos: The Days of Pearly Spencer, de David McWilliams, y Try a Little Tenderness (Campbell, Connely y Woods); y ambas versiones me parecieron excelentes. Chocaba ver a una chica de apariencia tan frágil cantar a voz en cuello y saltando como poseída.  Por desgracia no he podido recuperar la imagen original, pero sí el sonido de aquella sesión. Esta es la grabación de The Days of Pearly Spencer tal y como sonó en aquel programa.


Quien sin conocerla vea entrar a An Pierlé por la puerta, con su carita de niña buena, su pelito rubio y sus vestiditos cortos de mangas a la sisa, igual no piensa que tiene delante un personaje tan ambicioso y firmemente decidido a desbordar la estética convencional como ella. Pero no se puede ser enfant terrible si no se es realmente un niño. An Pierlé es una muñeca de conservatorio; hija perfectamente trilingüe de la hipercivilización europea, del experimento de diversidad dentro de la diversidad que ha sido Bélgica desde la Segunda Guerra Mundial. Un personaje que mira a su alrededor y dice: sois un muermo.

Probablemente lo más popular de An Pierlé sea esta versión excepcional de Paris s'eveille, de Jacques Dutronc. Auténtica música para saltar de la cama.



Al final de la actuación, la presentadora del programa exclama: Elle est jolie! Elle est jolie comme un carreau!, y An Pierlé pestañea con sonrisa de Piolín en su papel de niña buena. Porque probablemente se sabe guapa, se admira, posa con vestidos y pone caras ante el espejo; pero en el escenario su belleza es solo un atributo más del personaje que interpreta, que parece decidido a no ocultar, o incluso a presumir de una idiosincrasia insumisa, tanto en el canto como en su presencia escénica: una voz muy dramatizada y cambiante en registros a lo largo de una misma canción, conscientes desafinos, largos silencios, alaridos y hasta arrebatos de aparente enajenación en el canto. En lo escénico, gestos muy icónicos de infancia atrincherada. Ya la hemos visto dar saltos con su enorme acordeón entre las manos y su gran sonrisa, y también la veremos tocar el piano sentada sobre un gran balón hinchable dejando que el pelo le caiga continuamente sobre la cara, o dejarse caer al suelo arrebatada por la melodía. Completa la escena el no menos icónico guitarrista del grupo y pareja sentimental de la cantante, Koen Gisen, en los últimos años con aspecto de vagabundo o de espía oculto tras una larga barba y grandes gafas de pasta, y tocado con un sombrero. En realidad Koen Gisen es responsable de la producción musical del grupo en mucha mayor medida de lo que se pueda pensar en un primer momento. Ya toca mostrar algo de producción propia. Aquí tenemos una canción de su penúltimo disco titulada Snake Song.



An Pierlé reconoce influencias de varios artistas o grupos que por afinidad traslucen su concepción de la música. La colaboración en sus comienzos con el grupo belga DAAU ya da una muestra de su gusto por pisar el césped y cruzar por donde no hay semáforo. Hay quien la llama la Tori Amos Belga. Sin entrar a discutir la influencia de ésta, quizá han sido más eficaces, tanto en lo musical como en lo escénico, las de Kate Bush y Catherine Ringer (la hipercarismática cantante de Les Rita Mitsouko). Ambas merecerían una entrada aparte en este blog. An Pierlé huye de lo convencional, pero no huye. El punto de partida de la mayoría de su producción es el pop, pero solo como la base musical sobre la que realizar su ejercicio de contorsión. Parece que se conforme con molestar. Sus desafinos y excentricidades interpretativas son como una pedorreta a su pasado de conservatorio, al que sin embargo le debe mucho de su brillantez. Como puede verse, cuando termina la actuación se recompone el pelo y el vestido y saluda educadamente. Parece que el desfase tiene un marco escénico que procura respetar. Aquí la tenemos versionando a Les Rita Mitsouko en C’est comme ça. Otra dosis de música para saltar de la cama.



A partir de 2006 el grupo deja de tener el único nombre de la cantante y pasa a llamarse An Pierlé & The White Velvet, probablemente como un reconocimiento a la importancia del equipo y al peso de Koen Gisen en particular. Sus dos últimos discos tienen muy poco que desechar tanto en lo técnico como en lo artístico. Por enseñar al menos un video con sonido de estudio, aquí tenemos el primer single de su último disco, Broke My Bones (2010), que refleja muy bien tanto en la fotografía como en los personajes, y por supuesto el sonido, el “preciosismo con ruido” que define a An Pierlé.



1 comentario:

  1. Es como una Nina Hagen con estética de Telva. Me quedo con la versión de Paris s'eveille para saltar de la cama el lunes. Besitos!

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